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    Oración por la Vida

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    Oración por la Vida 

    Oh María,
    aurora del mundo nuevo,
    Madre de los vivientes,
    a Ti confiamos, la causa de la vida:
    mira, Madre, el número inmenso
    de niños a quienes se impide nacer,
    de pobres a quienes se hace difícil vivir,
    de hombres y mujeres víctimas
    de violencia inhumana,
    de ancianos y enfermos muertos
    a causa de la indiferencia
    o de una presunta piedad.
    Haz que quienes creen en tu Hijo
    sepan anunciar con firmeza y amor
    a los hombres de nuestro tiempo
    el Evangelio de la vida.
    Alcánzales la gracia de acogerlo
    como don siempre nuevo,
    la alegría de celebrarlo con gratitud
    durante toda su existencia
    y la valentía de testimoniarlo
    con solícita constancia, para construir,
    junto con todos los hombres de buena
    voluntad, la civilización de la verdad y del amor,
    para alabanza y gloria de Dios Creador
    y amante de la vida.

    Autor: Juan Pablo II

     

     

    ORACIÓN POR LA PAZ DEL PAPA JUAN PABLO II

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    ORACIÓN POR LA PAZ DEL PAPA JUAN PABLO II
     

    Dios de infinita misericordia y bondad,
    con corazón agradecido te invocamos hoy en esta
    tierra que en otros tiempos
    recorrió San Pablo.
    Proclamó a las naciones la verdad de que en
    Cristo Dios reconcilió al mundo consigo. Que tu
    voz resuene en el corazón
    de todos los hombres y mujeres,
    cuando los llames a seguir
    el camino de reconciliación y paz,
    y a ser misericordiosos como tú.
    Señor, tú diriges palabras de paz
    a tu pueblo y a todos
    los que se convierten a ti de corazón.
    Te pedimos por los pueblos de
    Oriente Próximo.
    Ayúdales a derribar las barreras
    de la hostilidad y de la división
    y a construir juntos un mundo
    de justicia y solidaridad.
    Señor, tú creas cielos nuevos
    y una tierra nueva.
    Te encomendamos a los jóvenes
    de estas tierras.
    En su corazón aspiran
    a un futuro más luminoso;
    fortalece sus decisión de ser hombres
    y mujeres de paz y heraldos
    de una nueva esperanza para sus pueblos.
    Padre, tú haces germinar
    la justicia en la tierra.
    Te pedimos por las autoridades civiles
    de esta región,
    para que se esfuercen por satisfacer
    las justas aspiraciones de sus pueblos
    y eduquen a los jóvenes
    en la justicia y en la paz.
    Impúlsalos a trabajar generosamente
    por el bien común y a respetar
    la dignidad inalienable de toda persona
    y los derechos fundamentales que derivan de la
    imagen y semejanza del Creador
    impresa en todo ser humano.
    Te pedimos de modo especial
    por la autoridades de
    esta noble tierra de Siria.
    Concédeles sabiduría, clarividencia
    y perseverancia;
    no permitas que se desanimen
    en su ardua tarea de construir
    la paz duradera,
    que anhelan todos los pueblos.
    Padre celestial, en este lugar
    donde se produjo la conversión
    del apóstol San Pablo,
    te pedimos por todos los que creen
    en el evangelio de Jesucristo.
    Guía sus pasos en la verdad y en el amor.
    Haz que sean uno, como tú eres uno
    con el Hijo y el Espíritu Santo.
    Que testimonien la paz que supera todo
    conocimiento y la luz que triunfa
    sobre las tinieblas de la hostilidad,
    del pecado y de la muerte.
    Señor del cielo y de la tierra,
    Creador de la única familia humana,
    te pedimos por los seguidores
    de todas las religiones.
    Que busquen tu voluntad en la oración
    y en la pureza del corazón,
    y te adoren y glorifiquen tu santo nombre.
    Ayúdales a encontrar en ti la fuerza
    para superar el miedo y la desconfianza, para que
    crezca la amistad
    y vivan juntos en armonía.
    Padre misericordioso,
    que todos los creyentes encuentren
    la valentía de perdonarse unos a otros,
    a fin de que se curen las heridas del pasado y no
    sean un pretexto
    para nuevos sufrimientos en el presente.
    Concédenos que esto se realice
    obre todo en Tierra Santa,
    esta tierra que bendijiste
    con tantos signos de tu Providencia
    y donde te revelaste como Dios de amor.
    A la Madre de Jesús,
    la bienaventurada siempre Virgen María,
    le encomendamos a los hombres
    y a las mujeres que viven en la tierra
    donde vivió Jesús.
    Que, al seguir su ejemplo,
    escuchen la palabra de Dios
    y tengan respeto y compasión
    por lo demás, especialmente
    por los que son diversos de ellos.
    Que, con un solo corazón y una sola mente,
    trabajen para que todo el mundo sea
    una verdadera casa para todos sus pueblos.
    ¡ Paz! ¡Paz! ¡Paz!
    Amén.
     
     
    Gracias a Marigil
     
     
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    UNA BELLA ORACION

     
     
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    " UNA BELLA ORACION "

    Felices los que siguen al Señor
    por la senda del buen Samaritano.
    Los que se atreven a andar tras sus pasos
    A superar las dificultades del camino.
    A vencer los cansancios de la marcha.
    Los que al andar van trazando
    sendas nuevas
    para que otros sigan,
    entusiasmados,
    y continuen la obra del Señor.
    Los que, atentos y presurosos,
    cambian su ruta
    para salir al encuentro
    del Señor vivo en el que sufre,
    tan presente en estos tiempos,
    tan cercano para algunos,
    para otros tan lejano.

    Felices los que dan la vida por los demás.
    Los que trabajan duro
    por la justicia anhelada.
    Los que construyen el Reino
    desde lugares remotos.
    Los que, anónimos y sin primeras planas,
    entregan su vida para que otros vivan más y mejor.
    Los que con su diario sacrificio
    abren huellas de humanidad nueva
    en un mundo mellado por el egoísmo neoliberal
    del "dios-mercado".

    Felices TODOS los que trabajan por los pobres.
    Desde los pobres.
    Junto a los pobres.
    Con corazón de pobre.
    Contemplando a diario
    la hermana muerte, temprana,
    injusta, dolorosa,
    en los rostros de los niños olvidados,
    sin salud, ni educación, ni juegos
    (infancias robadas por miles
    en mi continente sufrido desde antaño).
    Felices los que viven solidarios
    dejando el asfalto limpio y prolijo
    para caminar los senderos pedregosos, polvorientos
    que abren al mundo de los que no cuentan
    en los números o estadísticas de los ministerios de turno.

    Felices los que aman al hermano concreto.
    Los que no se van en palabras
    sino que muestran su amor verdadero
    en obras de vida, de companía y de entrega sincera.
    Felices los que enseñan,
    los que intentan que todos aprendan
    sin distinciones de color, piel o dinero.
    Felices los que comparten sus bienes
    Don-regalo del Buen Dios
    para vivir como hermanos
    y demostrarlo en la práctica.
    Los que no guardan con egoísmo
    sino que brindan y comparten.

    Felices los que caminan juntos,
    en búsqueda comunitaria
    del Reino de Vida Nueva
    y Fraternidad Realizada.
    Los que se ayudan
    en las buenas y en las malas,
    los que aprenden
    que mas pueden dos juntos que uno solo.

    Felices TODOS los que piensan primero
    en el hermano
    y que encuentran su alegría
    y el gozo
    y el sentido de la vida
    en trabajar por los demás
    y por el Reino
    y por el Señor vivo en medio nuestro.
    Olvidado,
    marginado,
    solo y abandonado
    en los rostros de jóvenes
    de indígenas, de ancianos
    de mujeres solas
    de desempleados
    y de tantos otros (como nos dice Puebla
    y los obispos latinoamericanos)

    FELICES , SEÑORES,
    - y alzo la voz para que escuchen todos -
    LOS QUE LOS QUE VIVEN
    EL MANDAMIENTO PRIMERO
    QUE ES AMOR A DIOS EN EL HERMANO.
    Y en estos días de final de siglo
    por tanto egoísmo e indiferencia signados,
    Felices los que encuentran
    que este amor
    hoy
    se revela en un camino:
    ser solidario,
    SER SOLIDARIO.
    Marcelo A. Murúa